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Cómo debería ser la alimentación de los futbolistas antes del partido

Por Camilo Henao Medina

Cómo debería ser la alimentación de los futbolistas antes del partido.

La comida deja de ser un simple placer y se convierte en el ingrediente que marca la diferencia.










El jugador de fútbol de la actualidad es ante todo un atleta. Su capacidad física y su trabajado cuerpo lo han convertido en una especie de superhombre. Los entrenamientos son conducidos por exigentes preparadores físicos que, a través de repeticiones de ejercicios, consiguen llevar al límite del rendimiento a sus dirigidos.

Hoy, cualquier detalle en este deporte es controlado en extremo: las horas de práctica, las de sueño, los minutos de máxima exigencia, el tiempo de descanso, absolutamente nada se deja al azar, y por su puesto, la alimentación es un factor determinante.

Según un reciente estudio de la FIFA (organismo que rige al fútbol mundial), durante un partido oficial, un jugador corre de 10 a 13 kilómetros, su ritmo cardíaco alcanza 85% del máximo y la demanda de oxígeno supera 70% del máximo que se puede inspirar.

Estos datos demuestran la exigencia a la que están sometidos los futbolistas, con dos partidos semanales, y numerosos e intensos entrenamientos. Recuperarse bien y preparar el cuerpo para el siguiente ejercicio depende, en buena medida, de una adecuada alimentación.

La importancia que cumple una ordenada nutrición en el súper profesionalismo del fútbol la confirma Josep Guardiola, quién consiguió con su equipo lo que ningún otro técnico y ningún otro conjunto ha logrado en la historia de este deporte: coronarse campeón de todos los torneos en los que participó durante el año.

En total fueron seis títulos, entre los que se destacan el Mundial de Clubes, la Champions Lenguaje, la Liga Española y la Copa del Rey. Detrás de este fenómeno futbolístico se encuentra una estricta disciplina que incluyó un cambio radical en el tipo de nutrición que seguían sus jugadores.

Algunos de los límites impuestos fueron las restricciones de las gaseosas, las cervezas y el vino. Tan sólo se les permitió beber agua o jugos naturales. En el desayuno desaparecieron los panes y la pastelería, y llegaron los cereales y los yogures. En las comidas se permitían eran las ensaladas, el arroz, la pasta, la carne y el pescado, eliminando por completo las papas, los postres y, principalmente, los helados.

En el caso de su joven y prometedora estrella, Lionel Messi, los controles fueron aún mayores, pues al jugador argentino le restringieron las carnes rojas de sus típicos asados argentinos, cambiándolos por una dieta basada en pescado, frutas y verduras. “El pescado es algo nuevo para mí”, dijo el que es considerado el mejor jugador del mundo. Esta nueva alimentación pretendía evitar las frecuentes lesiones que sufría el jugador en 2009 y aumentar su rendimiento. Y los resultados parecen haberle dado la razón a estos cambios.

Uno de los factores que dificultan estas dietas es cuando se modifica radicalmente el tipo de alimentación del deportista, sin tener en cuenta su estilo de vida.

Fabio Capello, actual técnico de la selección inglesa, se encontró, cuando asumió el mando, con un descuido notable por parte de sus jugadores con respecto a lo que comían. El exceso en el consumo de papas fritas con salsa de tomate, fritos y cerveza era considerable. Según el mismo técnico, los primeros seis meses su principal labor estuvo enfocada a convencer a sus dirigidos sobre los beneficios de llevar una dieta mediterránea.

Pero la historia del fútbol no siempre ha sido un decálogo de buena alimentación por parte de los deportistas. Antes, el único responsable de lo que se comía era el mismo jugador, y el problema aumentaba en las vacaciones, los tiempos de descanso e incluso en las noches de concentración, cuando la ansiedad los devoraba, llevándolos a consumir dulces y postres exageradamente.

Hoy, por ejemplo, es una norma general la exclusión de los minibares en las habitaciones. Roberto Perfumo, uno de los defensores más destacados del fútbol argentino de los años 60, declaró alguna vez que ellos no tenían tantas concentraciones, que uno era el dueño de su vida fuera del club, y que lo que se comía era su responsabilidad.

Óscar Córdoba, arquero colombiano y figura del Boca Juniors argentino hace 10 años cuenta cómo su técnico de ese entonces, Carlos Bianchi, se sorprendió por el tipo de alimentación que los jugadores nacionales seguían. A él no le cabía en la cabeza esa manera de desayunar, pero se sorprendió aún más en un clásico contra River Plate, cuando se dio cuenta que el arquero se escondía en el baño para comerse un sándwich.
Esto lo hacía porque era la única manera que tenía para evitar el dolor que le daba la gastritis que padecía. En ese encuentro atajó un penalti, que los dejó a un paso del título. Después, el técnico ordenó disponer una mesa con sándwiches antes de cada partido.

Buena parte de las selecciones que participaron en el Mundial de Sudáfrica incluyeron a sus propios cocineros como parte de la delegación.

Su papel ocupa hoy un lugar tan importante como el del preparador físico o el kinesiólogo. La presencia de chefs en las fases finales de la Copa del Mundo ya no extraña a nadie. Los primeros datos muestran que incluso para el Mundial de Italia en 1934, la selección española acudió a un cocinero, aunque este dato quizá se justifica por desconfianza al régimen de Mussolini.

Además, la incertidumbre sobre el tipo de productos que podrían encontrar los seleccionados en el país africano se hizo evidente, motivo por el cual las delegaciones incluyeron un chef en su viaje. Igualmente, y en gran medida por arraigo y por sensibilidad, cuadros como Alemania, Argentina, Brasil, Italia, Francia y México llevaron sus propios alimentos.

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