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El dulce francés

Los ositos de chocolate que adoran los franceses

Por BBC Mundo

Los ositos de chocolate que adoran los franceses.

La industria del dulce en Francia resiste los problemas financieros y continúa creciendo. Un osito de malvavisco bañado en chocolate es su más querido representante.

                                                            

La industria del dulce en Francia ha resistido los problemas financieros del país y continúa creciendo a alrededor de 8% al año. Y una tentación –irresistible para los franceses– destaca entre la dulce oferta.

Los Oursons guimauve son pequeños malvaviscos con forma de osito bañados en chocolate (ourson es osezno, y guimauve es malvavisco) y ya tienen 50 años.

Los franceses –jóvenes y viejos– los adoran y comen unos 400 millones de ositos cada año.
Fueron creados por Michel Cathy, un repostero del norte de Francia que, según cuenta la leyenda, defendió con valentía su receta ante el escepticismo de sus jefes.

Cubiertos de chocolate negro o blanco, se pueden encontrar en paquetes de celofán en los supermercados, en bolsas de papel en pequeñas tiendas de dulces o en latas de diseño de edición limitada.

Los oursons acaban de desembarcar en el mercado de Estados Unidos, y se espera que para 2015 generen unos U$1.100 millones al año para sus productores franceses.

Nostalgia por la infancia
Cecilia Hermabessiere tiene una pequeña confitería en la calle Rue Brea de París, muy concurrida por clientes de todas las edades, que ofrece bombones regionales, chocolates y pirulís de todo el país.
En Francia existen unas 650 variedades de dulces tradicionales.

"Las ventas no han caído", dice Hermabessiere en conversación con la BBC.
"En todo caso han aumentado. La gente necesita darse gustos, y si hay algo que no puede faltar es el chocolate o el sabor del dulce favorito de la infancia o de una especialidad casera y regional", opina.

En su tienda, largos frascos de vidrio llenos de caramelos frufrú (dulces cuadrados), rondelles d’orange (rodajas de naranja bañadas en chocolate amargo), y delicias turcas de rosa y limón cubiertas de azúcar ofrecen sus coloridas tentaciones desde los estantes.

Jugosas pasas moscatel, brillantes almendras azucaradas y avellanas caramelizadas, filas de caramelos de Moret (una región central de Francia) y dulces de azúcar de manzana de Rouen se ofrecen al visitante junto a pastillas de menta de Lourdes, confeccionadas con agua bendita del santuario y con una imagen de la virgen María estampada en cada una.

Los trozos de chocolate se venden por kilo, con avellanas, almendras, jengibre cristalizado o rellenos con caramelo líquido.

"Los niños aún comen pan con chocolate en la merienda", cuenta Hermabessiere.

"Es el original pain au chocolat antes de que se creara su versión pastelera. Hay mucha nostalgia por la infancia aquí en Francia".

Confitero por vocación
George Marques abrió la tienda de dulces que soñó cuando era niño enfrente de una pequeña plaza rodeada de árboles y con juegos infantiles.

"Como inmigrantes portugueses no teníamos mucho dinero", cuenta Marques.
"Cuando cumplí ocho años (en 1970), un tío me regaló cinco francos. Los caramelos costaban un céntimo cada uno, así que eso era una fortuna".

"Me fui directo a la confitería del barrio, compré una bolsa llena de dulces para compartir con mi familia, y llegué a casa clamando: cuando sea grande voy a tener la mejor confitería del mundo", recuerda.
Marques viaja por Francia para probar y seleccionar personalmente dulces regionales. Los busca, los lleva a París y los mete en los frascos que adornan sus vitrinas.

"La gente realmente lo aprecia", dice el confitero, "de repente encuentran un dulce raro proveniente de algún pequeño pueblo y se lanzan a comerlo".

En su confitería hay alrededor de 200 variedades, desde los queridos oursons guimauve hasta Petit Jesus (malvaviscos con forma de Jesús) o los más pícaros Tetines de la Reigne Margot (pezones de la reina Margot) que hacen honor al apetito sexual de aquella monarca.

Son dulces de chocolate y albaricoque, con pasas empapadas en licor Grand Marnier, bañados en chocolate blanco y con un discreto y sabroso pezón de chocolate negro.
Según Marqués, estos dulces son un excelente regalo "para alegrar a los caballeros".

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