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Restaurante El Comedor

Búsquenme en el comedor

Por Teodoro Madureira

Búsquenme en el comedor.

Confieso que no había ido. No hice caso a la insistencia de quienes me dijeron que era un hit.

                             






No fue desidia, quizá de olvidadizo que soy. Hasta me soplaron que allí comió pleno de felicidad Anthony Bourdain hace unos días, cuando pasó por Bogotá grabando uno de sus famosos shows.

El caso es que un par de meses atrás, mientras soportaba a regañadientes el atasco de tráfico que ahora es la carrera Quinta, al norte de Bogota, pasé frente a El Comedor.
Entonces, decidí escapar de la inmovilidad conociendo este lugar, y la sorpresa fue tan mayúscula que desde ese día a hoy ya lo he visitado cinco o seis veces más.

Afuera, sobre la Quinta, tiene una conveniente terraza muy apropiada en días soleados; y adentro, si bien el espacio no es generoso sí es suficiente, con algunas mesas distribuidas en saloncitos y un ambiente de bistro cálido y tranquilo, con detalles de decoración pensados, la iluminación correcta y una magnífica selección de música.

Ni muy grande ni muy pequeño, pero sí justo para que uno se sienta cómodo y medio escondido.

La carta, de inspiración entre francesa e italiana, contiene las razones por las que El Comedor se ha convertido en mi nuevo cuartel general.

Está dividida en platos pequeños, medianos y grandes (además de los minis, que serían las guarniciones), lo cual es un acierto de gran puntería puesto que se puede jugar: entrada, fuerte y postre; un trío de pequeños; unos medianos al centro de la mesa, en fin… De los pequeños quiero destacar la sopa de lentejas ($11.900) con especias indias, picadillo de tomate y cilantro y aceite de mostaza.

La verdad es que adoro las lentejas, yo soy de los que cambiarían inmediatamente la primogenitura por un plato de lentejas, y por las de El Comedor soy capaz de dar incluso más.


Por allí en los pequeños también está el que podría ser el mejor tartar de res de la ciudad ($21.900), con su lomo picado a cuchillo y riquísimo en sabores: generosa mostaza, las alcaparritas que aportan sal y una yemita de huevo de codorniz, todo para acomodar sobre unas tostadas de pan campesino de excelente factura.
Y la terrina rústica (23.900), de la que podría alimentarme el resto de mi vida: carne de ave y res, higos secos y pistachos, servida con pan campesino y una espectacular ensaladilla de pepinillos encurtidos.

Ya en los medianos, la ensalada de roast beef ($29.800) con alcachofas confitadas, cebollas caramelizadas huevos de codorniz, champiñones y vinagreta de hinojo es una de esas opciones riquísimas para un almuerzo ligero en la terraza.

Aunque de cerca le compite la pasta corta con zapallo ($19.000), cocida al horno en una cazuela con espinacas, piñones, champiñones y una gruesa y tostada costra de parmesano.

Y en los grandes tengo solo un favorito, que alcanzó con méritos este título. Hay de todo: lomos de res, pesca del día, estofado de cordero, costillas de cerdo, morrillo estofado.
Sin embargo, la recomendación es el archi famoso pollo entero a la sal ($68.900 para dos personas), que hay que reservar con anticipación y que llega a la mesa en una bandeja de hornear con todos sus jugos contenidos y un sabor de interminable generosidad, con sus papitas fritas de la casa y una ensalada fresca.
¡Tan bueno como una fiesta fuera de control!

Antes de concluir, atención a dos postres: volcán de chocolate ($12.000) con helado de vainilla, aceite de oliva y sal marina, y el cheesecake de uva Isabella ($10.900).Me quedan todavía varios platos del menú por probar, de manera que pasaré por El Comedor dos, tres o cuatro veces más este mes… esta semana. Además, quiero seguir disfrutando ese ambiente de restaurante de barrio, de comedor conocido, de la mesa que uno quiere y en la que a uno lo quieren.

Carrera 5 no. 74-52. Teléfono: (1) 474 3847.                                 

Búsquenme en el comedor.

Cocinando con Cristina Campuzano

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Esta reconocida actriz nos contó sobre la experiencia que tuvo al ser una vez mesera de un restaurante y confesó que lo que más le gusta de cocinar es estar con sus sobrinos.

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