Inicio / Opinión

Restaurante más costosos

Pesos pesados

Por Teodoro Madureira

Pesos pesados.

Hace poco, al recibir la cuenta después de un rico almuerzo en el restaurante La Rosa Náutica, en la zona G de Bogotá, experimenté la revelación que me llevó a escribir esta columna.






Ahora cuéntenos usted cuál es ese restaurante que le ha parecido muy costoso con relación al servicio que le prestaron.

Hace poco, al recibir la cuenta después de un rico almuerzo en el restaurante La Rosa Náutica, en la zona G de Bogotá, experimenté la revelación que me llevó a escribir esta columna.

Si bien los precios de los platos estaban debidamente anunciados en el menú, y las instrucciones del mesero fueron adecuadas, al final, a la hora de pagar, quedé con un sabor amargo, pues consideré que lo que me estaban cobrando no se compadecía con lo que recibí. Quedé con la idea de que La Rosa Náutica no es ni de lejos el mejor restaurante de Bogotá, pero quizá sí el más costoso en función de la relación calidad precio que ofrece.

No es mi intención debatir sobre lo que resulta caro o barato, porque eso es tan subjetivo que solo lo define el bolsillo de cada cliente.

Pero sí creo que es necesario aprovechar mi experiencia en La Rosa Náutica para alertar sobre el creciente costo de los menús en Bogotá, que puede terminar siendo un abuso hacia los comensales o, peor aún, una injusticia frente a los proveedores.

Pagué en La Rosa Náutica más de $90.000 por algo muy parecido a un cebiche peruano clásico y una causa nada sobresaliente, y estoy seguro de que los ingredientes que se utilizaron en esta preparación no costaron más del 10% del total. Y no es el único caso: en otros lugares he visto cortes de carne colombiana sin ton ni son por encima de los $60.000, ajiacos normalitos a $45.000 o costillas de cerdo elevadas hasta los $50.000.

Quienes se embarcan en el emprendimiento de montar un restaurante deben comprender que el prestigio no lo determinan los precios de sus cartas, sino la originalidad, perfección y consistencia de la experiencia que ofrece, desde su propuesta culinaria, pasando por sus instalaciones, hasta el buen servicio de su personal, entre otros factores.

Sin esta compleja ecuación, terminarán siendo frecuentados por ese tipo de comensales a los que más les interesa comer caro que comer bien.

Entiendo todos los argumentos posibles: que los arrendamientos están por las nubes en determinadas zonas, que la mano de obra escasea, que la competencia es brutal, que los derechos cobran lo que les venga en gana y uno verá si entra o no; pero en medio de todo es lamentable que conviertan sus menús en carteles especulativos que rayan a veces con el descarado abuso.

Y bueno, si es que lo van a hacer, al menos que procuren entregar una experiencia que represente lo que se paga.

Creo que hay dos errores definitivos que lo llevan a uno a no volver a un restaurante. El primero es la mala atención. No hay nada peor que recibir un trato displicente por parte del personal de servicio. Y el segundo es una mala relación entre lo que se da y lo que se cobra.

Estas malas prácticas son la mejor manera de alejar comensales: uno no vuelve a donde lo tratan mal ni a donde le cobran de más.

Al final, los restaurantes se rigen por las ineludibles reglas de la oferta y la demanda. Y en este salvaje amazonas, el que no entregue lo que los comensales queremos y al precio más justo posible, se lo come la manigua.

Cocinando con Cristina Campuzano

IdItem:30904, IdTipo:5

Esta reconocida actriz nos contó sobre la experiencia que tuvo al ser una vez mesera de un restaurante y confesó que lo que más le gusta de cocinar es estar con sus sobrinos.

CocinaSemana en Facebook