Opinión
¡Salud por Chile!
Por Loreto Ruiz y Pablo Morandé

Dos reconocidos personajes del mundo del vino chileno compartieron con Cocina Semana un emotivo balance en torno al terremoto que sacudió al país, y el cual también afectó el hermoso universo del vino. Al mal tiempo buena cara cachái’.
"Nos estamos poniendo de pie"
Por: Loreto Ruiz
Durante la madrugada del 27 de febrero los chilenos sufrimos el quinto terremoto más fuerte de la historia moderna, con una magnitud de 8.8 en la escala Richter, el cual provocó un gran impacto tanto material como espiritual.
Las consecuencias fueron desastrosas: centenares perdieron la vida, hubo desaparecidos y daños significativos en la infraestructura del país, comunicaciones y servicios básicos. El área más impactada fue la región centro-sur, corazón de la actividad vitivinícola chilena, más exactamente los valles del Maule, Bio-Bio, Curicó, Rapel y Cachapoal.
El fuerte movimiento causó quebrantos en la industria del vino.
De acuerdo con la Asociación de Vinos de Chile se estima una pérdida de 125 millones de litros conformados por vino a granel, embotellado y de guarda, lo que representa un 12,5% de la producción total de la cosecha 2009. Las consecuencias no dieron espera.
En viña Concha y Toro, al igual que en el resto de la industria, nos vimos fuertemente golpeados. Afortunadamente no hubo tragedias personales que lamentar, aunque algunos de nuestros trabajadores y sus familias perdieron sus casas.
Durante una semana suspendimos nuestras actividades productivas y logísticas y hasta el 9 de marzo volvimos ‘a la vida’, entre tanto nuestras plantas embotelladoras y bodegas de vinificación se encuentran funcionando con normalidad a excepción de la de Peumo.
Pero no todo ha sido desfavorable. Afortunadamente la vendimia comenzó más tarde que en años anteriores, ya que las condiciones climáticas retrasaron la madurez de la uva. Por esta razón las labores en las bodegas no habían comenzado y nadie se encontraba trabajando durante el turno de la madrugada (como suele realizarse en esta demandante época de trabajo). Este retraso nos permitió ‘dar un respiro’ para evaluar los daños y poner todo en orden para comenzar la recepción de la uva. Ya nos estamos poniendo de pie y hemos iniciado la vendimia 2010 y restablecido los despachos de vinos a otros países.
He visto y sentido el gran compromiso de todo nuestro equipo, el trabajo intenso para revivir nuestras bodegas en muy poco tiempo. Una vez más hemos mostrado al mundo nuestra capacidad de sobreponernos a las dificultades y convertir la adversidad en una oportunidad.
También destinamos nuestros esfuerzos en desarrollar una campaña interna de solidaridad, enfocada en restituir las viviendas de los empleados de la viña que fueron destruidas. ¡Gracias a los aportes esperamos reconstruir y equipar sus casas!
Como miembros activos de la industria del vino hacemos llegar un profundo sentimiento de agradecimiento a nuestros aliados y amigos que nos han hecho llegar innumerables muestras de apoyo, solidaridad y donaciones para la reconstrucción de los daños ocasionados por esta tragedia.
Estamos seguros de que seguiremos trabajando en producir los mejores vinos y hacerlos llegar hasta sus mesas para que brindemos por Chile hoy y siempre.
“No hay que llorar sobre el vino derramado”
Por Pablo Morandé
Para nadie es un secreto que el terremoto provocó un golpe duro a la industria del vino. Hablamos de pérdidas de 250 millones de dólares y una cantidad similar en infraestructura. A ello se le suma la pérdida de los estanques que contenían el líquido y edificios de las bodegas.
Por esta razón la industria del vino se ha focalizado en la recuperación de la infraestructura para su pronto uso, el aseo de las instalaciones y el pronto despacho de pedidos reprimidos a otros países.
En cada bodega hemos levantado un catastro del daño causado a las casas de los trabajadores, escuelas y establecimientos de salud, con el fin de dar soluciones inmediatas a las familias colaboradoras y cooperar con las comunidades aledañas a las plantas de las viñas.
Viña Morandé es un reflejo de la industria y al igual que todos, fuimos afectados con pérdida de vinos y estanques hasta por un 10% de nuestra capacidad; estuvimos solamente cuatro días en labores de orden y aseo, e inmediatamente comenzamos los despachos y la recepción de la nueva cosecha.
Durante el momento del terremoto sucedió algo increíble: tan sólo 26 personas se encontraban trabajando y gracias a la permanente capacitación preventiva, pudieron salir sin problemas de las bodegas. Entre tanto, las familias que tuvieron daños en sus casas están siendo atendidas obteniendo una pronta solución a sus problemas.
Fuimos afortunados: los vinos perdidos en su gran mayoría fueron varietales abundantes y de sencilla recuperación ya sea por compra actual o producción de la actual cosecha, y ninguna máquina salió afectada.
Fue así como pudimos dar vuelta a la página de forma inmediata y reiniciar nuestra querida y apasionante rutina.
Lo anterior alivia a la industria, pues no tendremos problemas de abastecimiento de nuestros mercados: ¡seguiremos creciendo al 10% como estaba proyectado!
No se puede llorar sobre la leche derramada, en este caso, sobre el vino derramado. En el pasado hemos sufrido inclementes golpes de la naturaleza de distintas magnitudes. No obstante el hombre de campo, que conoce de heladas, sequías e inundaciones, ha sabido encontrar la mejor manera de salir adelante poniendo al mal tiempo buena cara mientras trabajamos con cariño en cada cosa que hacemos.
Hemos generado un ambiente místico en donde cada uno ponemos lo mejor de sí, de manera que al actuar correctamente producimos bienestar y alegría en los demás. Hoy en Morandé trabajamos por logros inmediatos alimentados de una gran esperanza que proyectamos nacionalmente como emprendedores del vino que somos.
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