Opinión
Un desayuno cargado: ¿vamos de brunch?
Por Dionisio Pimiento
Tengo un desayuno casi espartano frente a mí: cereal, leche y una gran cuchara para comerlo todo en tres bocados y empezar así un día en el que sólo correré.
¿Y si la mañana fuese mía y pudiese apropiarme de la práctica –tan en boga internacionalmente y que ya va llegando a Medellín– en la que breakfast + lunch se unen en una sola ingesta?
En este brunch podría beber una mimosa –un buen mix de champaña y jugo de naranja–, saborear unos blinis con salmón ahumado o quizás unas tostadas francesas, algunas frutas, panes variados con mantequilla y mermelada; y de postre –pues en el brunch todo se vale–: cupcakes de zanahoria o chocolate.
Y mejor aún, si esto lo llamase a la criolla ‘desayunito cargado’, vendría con calentao, arepas en diversas versiones, huevos –por supuesto de gallina libre– con hogao, chocolate bien caliente, quizás tamal o pan de maíz hecho en casa. De remate, una buena tajada de María Luisa casera.
El brunch podría ser fuera de casa, quizás en Uchuva Lounge o Canela, en la zona de Santa Elena; en el muy típico Chuzcalito subiendo por Las Palmas, o en nuestra panadería de ayer y de hoy El Astor, en pleno corazón del paseo Junín. Tal vez iría a Bonuar y aprovecharía para visitar la exposición de Beatriz González, posiblemente me dirigiría al Art Hotel o a Carmen, donde ya comienzan a ofrecerlos.
De seguro visitaría Crepes & Waffles, el pionero en estas lides: su queso momposino es un infaltable. Me tentaría pasar al Tejadito por los mejores pandeyucas y el inolvidable pastel de hojaldre y queso cheddar; aunque también podría ordenar un potente desayuno a domicilio con solo llamar a Foods and Deliveries.
En actitud paseo, viajaría a Asados Kachotis en la vía Amagá para disfrutar de las deliciosas arepas blancas rellenas de queso; o a Avalón, en cercanías a la Truchera de Jardín. Eso sí, a la que no dejaría de ir en busca de la versión más tradicional sería a la Placita de Flores.
Llámelo como lo llame, en este 2012 comeré en las mañanas lentamente, disfrutaré cada sabor, le daré una mirada cómplice a quien me acompaña en la mesa y leeré en versión impresa mi periódico de cabecera. Ya lo decían los abuelos: desayunar como reyes, almorzar como príncipes y comer como mendigos.
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