Inicio / Viajes

Destinos

Valencia tópica y típica

Por Mikel González

Valencia tópica y típica.

A comienzos del siglo XXI la Copa América de regatas, la Fórmula Uno y las delirantes estructuras arquitectónicas de Santiago Calatrava en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias conformaron la tradición y la modernidad de una Valencia española visionaria y discutida.





En 1924, el maestro almeriense José Padilla compuso una zarzuela hoy relegada al olvido: La bien amada. Uno de sus números, adaptado a la castiza forma de pasodoble, obtuvo tales niveles de éxito que aún se sigue pregonando por el mundo con el nombre de una hermosa ciudad:

Valencia es la tierra de las flores, de la luz y del amor. Valencia, tus mujeres todas tienen de las rosas el color.

Valencia, al sentir cómo perfuma en tus huertos el azahar quisiera, en la tierra valenciana mis amores encontrar.


Continúo citando a Padilla, la blanca barraca, la flor del naranjo, la huerta florida de almendros en flor. Y es que si algo hay importante en Valencia es la huerta, y la naranja valenciana, en este sentido, ha llegado a adquirir categoría de mito.

Hay quienes argumentan que al agricultor valenciano históricamente le ha faltado imaginación para lanzarse a otras aventuras hortofrutícolas; que los levantinos enseñaron a extremeños, sevillanos, marroquíes y argelinos los secretos de su cultivo.

Y así, son muchos los países del Magreb que disputan a Valencia la primacía de los míticos frutos dorados del jardín de las Hespérides, que tantos quebraderos de cabeza dieron al esforzado Hércules.
Pero desde luego, en ninguno se exalta de forma tan evidente la cultura del cítrico como en Valencia.

El viajero curioso que pasea por su centro urbano descubrirá multitud de detalles referidos a naranjas, clementinas, mandarinas, pomelos y limones en las delicadas mayólicas y vitrales que recubren fachadas y decoran suntuosos interiores.

Es el caso del Mercado de Colón, obra del arquitecto Francisco Mora Berenguer; o de la Estación del Norte y su fachada trufada con motivos vegetales, naranjas y flores de azahar.

Pero ¿dónde hay naranjas en Valencia?
El viajero que llegue a estas tierras desde el norte costero pasará por Sagunto, gran potencia en cítricos. Más cerca de la capital, Puzol, se encontrará con un auténtico santuario de la naranja. También algunos pueblos arroceros de toda la vida, como Campo del Turia, Bétera, Náquera, Ribarroja del Turia; y en las localidades de Culera, Sueca y Llaurí se obsesionaron hace décadas con que el naranjo iba a mejorarles la vida.
Hacia Alicante, en el sur, Tabernes de Valldigna y Gandía, con Oliva y Játiva son grandes potencias en el asunto.

El País Valenciano ha cambiado mucho desde entonces, y quizás ahora las naranjas provoquen más sinsabores que alegrías a sus productores. Quedan los exquisitos zumos que en toda la región se preparan con los frutos aquí cultivados en base a una rigurosa temporalidad.

Existe cosecha de naranjas Navelinas durante noviembre, diciembre y enero; de naranjas Navellane- late en febrero, marzo y abril; y de naranjas Valencia-late durante mayo y junio; así como mandarinas Clemenules durante los últimos cuatro meses del año. Y un brebaje poco conocido, ‘el agua de Valencia’, una deliciosa combinación de zumo de naranja y cava bien frío, ayuda a soportar las tórridas noches veraniegas en uno de los litorales mediterráneos más hermosos.

No podemos olvidar la flor del azahar, cuando las ramas del naranjo cubren de blanco toda la región con su dulzón olor.

De paellas y azahares
Pocos españoles y casi ningún extranjero saben que el vocablo paella no designa una receta sino un recipiente necesario para realizar uno de los platos de arroz más exquisitos y elaborados del mundo.

Podríamos vincularlo con el italiano padella, una gran sartén circular. Para elaborarla se precisa de arroz tipo bomba, pollo, conejo, garrafón, tavella, tomate natural rallado, ferraura, alcachofas, aceite de oliva virgen, pimentón rojo dulce y molido, hebras de azafrán, sal y agua; y de una técnica precisa y complicada que incluye dejar caer el arroz ‘en caballón’ o en surco y rematar con romero fresco.

Muchos se preguntan dónde degustar las mejores paellas en Valencia. Los que apuesten a la fija, deben desplazarse hasta el antiguo barrio del Cabañal cerca de la playa de la Malvarrosa y del Balneario de Las Arenas.
Donde Valencia se asoma al Mediterráneo, sobreviven míticas direcciones como La Pepica, La Marcelina o El Estimat, en las que cientos de familias locales siguen acudiendo en glotona peregrinación los fines de semana para degustar un recetario limitado de clásico: paella valenciana, arroz a banda y arroz negro.

Quienes buscan algo más refinado y menos concurrido prueben suerte en el restaurante El Tridente del Hotel Neptuno. Ofrecen sofisticados arroces de elaborada preparación de la mano del chef Raúl Aleixandre. Pruebe su célebre Ca’Sento, arroz a la plancha con gamba de Denia y arroz marinero en perol.

Las Fallas
Las fiestas más famosas de Valencia son las Fallas. El gran día es el 19 de marzo, cerca del equinoccio de primavera y de la festividad de San José Obrero. No se celebra solamente alrededor de un santo sino de una metamorfosis: el paso del invierno a la primavera, de la oscuridad a la luz, del aletargamiento a la vida. Las hogueras, derivadas del latín Facula y Falla son el gran símbolo de esta transición.

En Valencia, durante meses, cientos de artistas se afanan por elaborar estas complejas esculturas satíricas cargadas de fuertes críticas al poder local, regional, nacional y eclesiástico. Grandes ninots (muñecos) que todo el mundo identifica fácilmente, llibrets (carteles) en verso que no dejan títere con cabeza, son sujetados por gigantescos armazones temáticos de cartón piedra.

Barrios, calles y plazas, cuentan con comisiones falleras vecinales que se reúnen en casales falleros, el auténtico corazón de la fiesta.

Los momentos más emocionantes son “la plantá” o instalación de las monumentales fallas-esculturas. Una ofrenda floral a la imagen de San José ubicada en un puente sobre el cauce seco del río Turia se observa y da paso a la Virgen de los Desamparados, considerada la Fallera Mayor, siempre hace que el visitante suelte una lagrimita de emoción.

Los momentos más increíbles y sorprendentes para quien nunca ha vivido de cerca estas fiestas son las mascletás, atronadoras tracas de tremendos petardos que ensordecen y hacen vibrar hasta los cimientos de los edificios; los castillos de fuegos artificiales que se cuentan entre los mejores del mundo; la “Nit del Foc” o noche del fuego en la madrugada del 19; la Misa Solemne en honor del patriarca San José en la Catedral de Valencia oficiada por el Cardenal; y por supuesto la “cremá” o quema indiscriminada de todas las fallas de Valencia por la noche, terminando con la del Ayuntamiento.

Todo arde. Todo se renueva.  Atrás quedan las sombras del invierno y llega la primavera. Adiós a la oscuridad, viva la luz. Aunque por si acaso, los valencianos, año tras año, indultan un único muñeco de una única falla: el “Ninot indultat”.
Un curiosísimo museo algo a trasmano está repleto de ellos. Barcelona es sinónimo de estilo y vanguardia de un cosmopolitismo arrollador.

Madrid, efervescente y caótica, asombra con una oferta cultural apabullante y su carismática facilidad para hacer que todo el mundo se sienta como en casa. Pero Valencia es única a la hora de reinventarse, de mudar de piel manteniendo su carácter huertano, pegado a las tradiciones pero abierto a la innovación.

En cierto sentido, es una ciudad kitsch, una ciudad tópico, una ciudad típica: naranjas, paella, fallas. Y los valencianos, tan contentos.


¿Quiere visitar los naranjales de Valencia?
Viajes Hermes
Dirección: carrera 11A # 93A-62, Oficina 101
Teléfono: 691 9744
www.viajeshermes.com
contactos Felipe Londoño y Claudia Correa de Greiff. 

Minutos de sabor con Liliana López y Leonor Espinosa

IdItem:32652, IdTipo:5

Serie de videos sobre los cocineros colombianos. Conozca a Leonor Espinosa, chef del restaurante Leo en Bogotá.

CocinaSemana en Facebook